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Luciana BlascoParticipante(Hola María, gracias por la respuesta y la propuesta. Me dio escalofrío (real) solo leer la oración ayer.
Esta mañana al regresar de pilates me descubrí pensado «ay ya se fue para el trabajo y seguro se olvidó de tirar la bolsa de reciclables como habíamos quedado». En ese mismo momento, frené, cerré los ojos, imaginé a mi mamá y dije la oración varias veces. ¿Sabés que pasó? Me apareció su imagen con los ojos llenos de lágrimas…Voy a seguir haciéndolo y te cuento. Ah… la bolsa no estaba más en casa, ja. Abrazo!!!
Luciana BlascoParticipanteHola Nerea y compañeros.
En mi caso, hace dos años había hecho la iniciación en la meditación y la había sostenido un tiempo. El inicio de la formación y de esta materia en particular, me ayudaron a retomar la práctica y la vengo sosteniendo a diario. Lo hago unos 15/20 minutos en general, a la mañana temprano tras hacer la rutina de yoga. Esto lo decidí así porque me resulta más fácil incorporar cosas como rutina. No obstante si por algún motivo no dispongo de ese tiempo, alguna vez lo hice 10 minutos o en otro momento del día.
En primer lugar diría que ese momento matinal de meditación es una práctica que me permite registrar el estado de agitación mental con el que arranco. Hay días que mi mente está más calmada y se entrega a la sensación de «pasar un rato en un lugar reconfortante». Esos días me da gusta estar ahí. Hay otros donde cierro los ojos y al cabo de unos segundos siento que me metí en un tsunnami mental arrasador de imágenes y ocurrencias que ni siquiera había percibido que tenía. Esos días me resulta difícil no escuchar mi voz diciendo «esto es un desastre». Igual me quedo ahí y me doy cuenta que la voz anterior convive con otra que dice: «no pasa nada, vuelve» y recuerdo que de eso se trata meditar. También ese día, me sirve saber que a pesar de mi apariencia serena, estoy así de agitada porque está bueno tenerlo presente al salir a relacionarme con el mundo.
En segundo lugar, noto que sostener la práctica de meditación (imagino sumado a la práctica de yoga, más estas conversaciones y reflexiones que compartimos en los foros, como las lecturas que nos proponen) me ayudan a recordar durante el día algunas cosas: 1. que puedo estar físicamente en un lugar estando presente o no; 2. que no soy mi mente y todo lo que se me ocurre, 3. que mi cuerpo y lo que siento es un aliado/una guía en la búsqueda que estoy haciendo. No es que estas cosas no las había pensado jamás, es como que se hubiera desarrollado un poquito la conciencia en relación a esa posibilidad. Un espacio nuevo. Eso me hace sentir más dueña de mis actos, más libre y serena.
Luciana BlascoParticipanteHola buen día Helga, queridos compañeros. Respondo a la tercera consigna. En mi práctica matinal diaria, hay algunas posturas que están siempre y al igual que Inma, hay algunas otras que voy variando en virtud de las sensaciones físicas y emocionales que tengo/ siento necesitar.
1. En general suelo iniciar sentada en sukasana haciendo Dirgha Swasam, como ritual de entrada a la práctica.
2. Tras eso, en posición de cuatro apoyos hago movimientos hacia todos lados, estirando y arqueando la columna, luego hago círculos con el símbolo del infinito hacia un lado y posteriormente hacia el otro (esto lo tomé hace mucho de una práctica guiada por Xuan Lan). Después, hago alrededor de 10 repeticiones de Marjaryasana (gato vaca). Inhalo al extender y exhalo al curvar. Eso me hace sentir que voy despertando el cuerpo de a poco.
3. Siempre en algún momento de la práctica incorporo adho mukha svanasanna (perro boca abajo). Adoro esta postura, porque si bien había formado parte de mis prácticas otros años, sosteniéndola regularmente – con las explicaciones de los videos y con ajustes puntuales que me hizo la profesora con la que estoy tomando clases – pude empezar a hacer espacio en la espalda alta; conectar con mis escápulas, separar hombros de orejas, diría que empecé a reconocer un espacio nuevo dentro de mi cuerpo. Eso no deja de sorprenderme cada vez.
4. Siempre hago setu bandhasana porque necesito liberar espalda alta y abrir el pecho. Tal como contás en los apuntes que nos diste Helga, me pasó más de una vez que al hacer esta postura se liberaron lágrimas que no entendía muy bien de donde venían.
5. Siempre en algún momento sumo uttanasana (flexión tronco de pie), me encanta sentir que se estira la parte de atrás de las piernas e ir registrando como de a poco voy logrando no arquear la espalda, sino estirarla. Lo que se practica, se mejora 🙂 También me gusta hacerla porque muchos días me implica decidir que no estiro las piernas porque si lo hago arqueo la espalda. Tomar esta decisión siempre me cuesta un poco porque una parte de mi dice «deberías poder» y ese rumiar me hace seguir viendo una parte mía que estoy intentando cambiar.
6. Siempre en algún momento de la práctica ( en general entre posturas) me regalo balasana (postura del ñiño). Me doy cuenta que también quiero esa postura; me calma y me hace sentir protegida. Más allá de la práctica, la he usado mucho en diferentes momentos de mi vida en los que he experimentado ansiedad o angustia.
7. Siempre termino con svanasana (postura del cadaver); por más que no tenga mucho tiempo, siempre la hago como ritual de cierre. Funciona como un momento de relajación pero también de registro de sensaciones físicas y emociones. Algo que me sirvió para que la postura me sea placentera y de verdadero descanso fue ajustar el apoyo del cuerpo, mover con las manos los glúteos hacia abajo para que se apoye mejor esa zona y colocar sobre la pelvis unas bolsas con algo de peso.
8. Por lo demás: últimamente vengo haciendo badrasana (mariposa) y el ejercicio de apertura de caderas como una forma de abrir toda esa zona, porque noté que es un lugar donde actualmente se acumula mucha tensión.
9. Por otro lado, en las prácticas grupales guiadas a las que asisto en la semana, antes de arrancar siempre hay unos minutos de viparita karani mudra (medio paro sobre hombros) restaurativa. La hacemos con bolster, piernas apoyadas en la pared. Esta postura también a veces la hago cuando me siento muy cansada y para aliviar la espalda baja y piernas.
Luciana BlascoParticipanteHola Eugenia! Buen día. Leyendo tu primer comentario resueno porque si bien lo trabajo hace años, tengo un vasana: ante cualquier manifestación física que se salga de lo habitual, reacciono pensando que seguramente estoy gravemente enferma y sintiendo mucho miedo. Si bien en este momento, cuando aparece, también pongo en juego una batería de herramientas para abordar pensamientos/emoción, esto ha significado en algunos momentos de mi vida situaciones muy angustiantes y crisis de ansiedad.
Si bien no encuentro en mi experiencia de vida ni en mi núcleo familiar más próximo hechos concretos como el que describís, que podrían explicar la reacción, sí he visto que mi madre a pesar de no haber tenido problemas de salud graves en su vida, reacciona de una forma similar cuando ella siente algo o cualquiera de nosotros le comenta algo (desde una reacción en la piel a un resfriado). Su mamá, es decir mi abuela materna, reaccionaba igual. Indagando en el árbol, sí encontré que en su caso, la muerte repentina de su hermano mellizo por una peritonitis a los 16 años, podría haber marcado en ella una huella profunda y pensé que por ahí, esa huella llega hasta hoy, pasando de generación a generación.
En mi caso, para desandar el samskara me sirve pensar en argumentos lógicos que me permitan ver que los contextos de mi abuela, mi madre y el mío no son los mismos. Me digo a mi misma que la medicina avanzó mucho en los últimos 100 años; que si uno hace los controles preventivos sería raro que pase algo como lo que le pasó al mellizo de mi abuela. También cuando a pesar de esos y otros argumentos lógicos, el miedo aparece, me digo a mi misma «te estás asustando otra vez, esto ya pasó» y en estos casos me sirve mucho las herramientas de la respiración consciente y la práctica de yoga.
Luciana BlascoParticipanteHola buenas tardes María, Constanza y compañeros. Respondo a la segunda consigna.
Trabajo hace tiempo para desandar un samskara: “todos los hombres son un poco inútiles”.
De ahí surge un vasana de desvalorizar a mi pareja, con gestos o comentarios.
Ejemplos: cuando vuelve de la verdulería, reviso la compra pensando que se olvidó algo o que la fruta está mal; o, al dividir tareas de la casa, tiendo a controlar lo que le quedó asignado y criticar detalles irrelevantes.Noté que no me pasa con todas las personas ni tampoco con todos los hombres, sino sobre todo en vínculos de pareja.
Lo vinculo con cómo he visto a mi madre dirigirse a mi padre. En ese sentido, solo decir que en el imaginario de mi mamá mi padre nunca pudo alcanzar los estándares (económicos, prestigio) de mi abuelo materno, con quien ella siempre lo comparó.Hoy tras mucho trabajarlo en terapia y meditarlo estoy más consciente: a veces detecto el impulso antes y me freno (“¿haría esto a otra persona?”/»¿Hay otra forma de ver esto?»); otras veces me doy cuenta después de reaccionar y pido disculpas. Muchas veces me pregunto por qué sigo haciéndolo si no me suma a mi ni le hace bien al hombre que quiero, y a quién “le hago el juego” al sostener estas reacciones. Tengo 49 y veo que mi vida es distinta a la de mi madre; le agradezco profundamente, pero mi realidad es otra y elijo hacer algunas cosas diferente. Intuyo también una lealtad, quizás mal entendida, hacia ella. A seguir practicando..
Luciana BlascoParticipanteHola Alejandra, Inma, Anne, hola a todas. Me encanta leerlas y confirmar que compartimos este camino de aprendizaje. Como a vos, Anne, me pasa que aprendí que debía ser eficiente y “aprovechar el tiempo”. Reconozco que esa huella fue y sigue siendo útil para algunas cosas, aunque no como como máxima absoluta. También me pasa como a vos, Alejandra: todo lo que hago me gusta y quiero hacerlo con dedicación; y además me pasa, que lo que aún no hago muchas veces me genera curiosidad y entusiasmo.
Honestamente cuando lo desarmo un poco creo que desde ahí construí incluso la imagen que tengo de mí misma (el famoso “yo soy así”), y a veces quedo presa de eso: decir “no, gracias, paso esta vez” o “no puedo hacerlo en ese tiempo, me voy a tomar unos días más” en algún punto profundo me hace sentir desdibujada o desconocerme.
Lo que noto – y valoro especialmente de esta formación – es la invitación a practicar herramientas que aumentan el silencio mental y a compartir experiencias concretas sobre formas en las que cada uno encara estas cuestiones que son compartidas, como formas de volver a traer la atención al tema.
Inma, mi lista aún es más larga que tres pero 😉 pero tomé lo de nombrar distinto porque resignifica. Anne, yo también tengo mis 45 minutos de nada con el mate y las hierbas por la mañana: momento sattvico, sagrado.
Un abrazo queridas compañeras!!
Luciana BlascoParticipanteHola Paulina, Anne y Nerea, hola a todos. Gracias por compartir. Estoy leyéndolas y lo que plantean me resuena especialmente. Durante un tiempo, tener una agenda sobrecargada era para mí sinónimo de “aprovechar al máximo la vida”. Hace años que vengo revisando por qué sentía eso como una verdad absoluta y, a la vez, incorporando hábitos que habilitan espacios de “no hacer”. Aun así, algunos días aparece la sensación de “debería estar haciendo”.
En muchos de esos momentos pasa algo que me gusta: me escucho diciéndome “estás ansiosa, pero ya sabés que esto te suele pasar algunas veces cuando pasan este tipo de cosas”. No hace desaparecer la sensación, pero el estar advertida sobre mí misma, me permite esperar un rato antes de decidir; muchas veces la sensación física se reacomoda y la ansiedad afloja. Y desde ahí puedo volver a pensar/sentir si me voy a hacer algo o no, evaluando los costos y beneficios. Un gran abrazo!
Luciana BlascoParticipanteHola Marina, buen día. Gracias por tu compartir. Leyéndote me doy cuenta que últimamente vengo apelando a la herramienta de la respiración profunda de manera bastante recurrente, como forma de separarme de mis pensamientos cuando siento que estos me atosigan o bien cuando mi cuerpo registra ansiedad (por ejemplo en medio de la jornada de trabajo). Creo que en esto influye y bastante el hecho de que vengo practicando Dirgha Swasam a diario a la mañana para iniciar la práctica de yoga. Haber retomado el hábito de respirar conscientemente (que en algún momento había tenido y luego dejé), tiene su impacto más allá del momento estricto de la práctica y coincido con vos, trae vida 🙂 Abrazo!!
Luciana BlascoParticipanteHola buen día María, Constanza, compañeros. Tomé registro de estos tres momentos/situaciones en las últimas semanas:
Momento sattvico: el domingo pasado por la tarde, compartí una merienda al aire libre con mi familia ampliada, recuerdo que percibí que el cielo estaba muy azul, el sol radiante, la temperatura estaba muy agradable. Recuerdo la sensación de los pies en el pasto, del calor del sol sobre la piel, inhalar aire que estaba fresco, escuchar las voces de los más grandes y de los más chicos superponiéndose, las risas, recuerdo haber sentido/pensado durante un instante lo extraordinario de ese momento y haberme conmovido. Recuerdo haber sentido en el cuerpo una emoción muy placentera, la mente callada, y la conexión absoluta con el momento y las personas que estaban allí; todo presente.
Momento tamásico: el miércoles de esta semana me armé una agenda de trabajo sobrecargada y la sostuve. A media tarde, aunque todavía quedaban cosas por hacer, apareció una sensación fuerte de pesadez, cansancio y sueño.
No es lo que me suele pasar en estas situaciones – mi tendencia es más bien ansiosa, impaciente, diría rajásica -, pero esta vez me costó sostener los compromisos que yo misma había tomado y empecé a bostezar durante un buen rato. Ahí registré que había convertido la jornada, innecesariamente, en algo martirizante. Hacia el final del día fui a yoga y, durante la práctica, el cansancio se fue. Salí sintiéndome más vital, liviana y contenta.Momento rajásico: hay un hábito que tengo e identifico como un disparador de rajas. No tanto por el hecho en sí, sino por el sentido que le doy y lo que me genera.
Bajo el título “Pendientes” armo listas extensas de tareas con «deadline» y las organizo en mi agenda, tanto en lo laboral como en lo familiar. Muchas de esas fechas no responden a exigencias externas, sino a una idea propia de “uso eficiente del tiempo” (me da un poco de vergüenza escribirlo porque noto que es medio ridículo, pero lo hago).
Estas listas me ordenan momentáneamente cuando las escribo, pero al revisarlas aparece ansiedad, inquietud y la sensación de que siempre hay más por resolver, que «hay que hacer» y que me tengo que ocupar.
Siento que es un hábito que en otro momento me resultó útil porque necesitaba «agarrarme de esas listas» pero sostenido tal cual está, hoy acrecienta mi rajas y me aleja del estado con el que me interesa conectar.
Luciana BlascoParticipanteHola Helga, hola queridos compañeros. En mi caso, al igual que Alejandra, vengo sosteniendo de manera diaria la práctica de la respiración Dirgha Swasam. La incorporé como parte de la práctica de yoga, al inicio, cuando estoy en sukhasana y la siento un poco como un ritual de entrada a esa rutina. Por ahora inhalo en 4 tiempos y exhalo en 4 tiempos. Elijo esos tiempos porque me resultan medio naturales y agradables, cómodos y es el tiempo en el que no me siento forzando nada. Recuerdo que hace unos años cuando practicaba a diario e iniciaba de esta misma manera esa rutina, me resultaba más natural inhalar en 4 y exhalar en 6 pero bueno, todo cambia y todo el tiempo 🙂 Un gran abrazo!
Luciana BlascoParticipanteHola Nerea y compañeras,
Coincido con varias en que las actitudes que más se me resisten son no juzgar y la confianza. Casi a diario, después de practicar, aparece un diálogo interno que evalúa la experiencia. Aunque entiendo que no se trata de dejar la mente en blanco sino de volver al presente, al terminar tiendo a pensar: “esto no me debe estar saliendo bien”.
Intento ordenar eso recordando que justamente de eso se trata la práctica («darse cuenta y volver») y registrando algo concreto: que realmente noto que estos ejercicios cotidianos de atención que propone la formación, están teniendo efectos más allá de la meditación, en distintos momentos del día. Aun así, el pensamiento aparece varias veces por semana, y ahí veo que estas actitudes son un trabajo en proceso.
Un gran abrazo a todas!
Luciana BlascoParticipanteHola, buen día Helga y compañeros del curso. Recién termino de leerlos.
Estos días estoy tratando de sumar a mis rutinas las prácticas que propone la formación. Todavía no logré ordenarlas de un modo que me permita sostenerlas todos los días, que es lo que me gustaría porque en otras épocas me funcionó muy bien.
Tengo los elementos de yoga y el espacio elegido en casa. Actualmente practico Iyengar dos veces por semana; antes hice Ashtanga durante tres años y, como comenta Anne, también tuve durante casi dos años una rutina diaria de yoga matinal con meditación siguiendo los videos de Xuan Lan.
Tomo, Helga, lo que le comentaste a Mónica sobre la memoria orgánica del cuerpo, así que apelo a eso y a la decisión de volver a una práctica regular (Valeria, somos dos 🙏). Y gracias también, Sergio, por la idea de la “práctica progresiva”; a mí me viene muy bien, porque siempre quiero hacer todo de una vez, y eso es bastante enemigo de lo amablemente posible.
Abrazos a todos!!!
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